La vida Onírica

Oniros, uno de los mil hijos de Tánatos, conocido también como Morfeo por su capacidad de tomar la forma de seres humanos y mostrarse en sueños.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Sueño de una Siesta

(Este sueño lo tuve la tarde del domingo. Despertaba a cada rato y me tranquilizaba ver, entre la pesadez de mis párpados, a mi hermano jugando con mi compu, en silencio; me daba la paz para sumergirme de nuevo en esa pesadilla sin culpa alguna, con la certeza de que era sólo un sueño y que no debía llorar)

Estábamos en algún lugar raro que no reconozco, al aire libre, pero se sentía como estar dentro de una casa. Mis dos hermanos habían muerto, pero yo ahí los veía. No tenían la edad actual, eran apenas dos niñitos de 5 o 6 años. Nico se veía con sus rulitos y sus faroles azules alucinantes, y Lulú tenía una sonrisa hermosa y dulce-sólo como la puede tener él-. Jugaban en unas escaleras de manera demasiado peligrosa. Yo hablaba con alguien a quien no veía, y me daba la sensación de que era un familiar. Esta persona me decía: “pobrecitos, no se enteran de que murieron”. Yo no le creía, y esta persona se decidió a demostrarme que decía la verdad: le pidió a uno de mis hermanos-no sé a cual- que trajera un juguete específico, a lo que mi hermano en su inocencia corre y lo busca. Viene hacia nosotros como sosteniendo algo, pero en sus manos no había nada. Deja la “nada” en el piso frente a la otra persona y sigue jugando en las escaleras. No entendía la situación, por lo cual me explica que como ellos no saben que están muertos continúan su vida como si nada. Aunque en sus casas ya no estén sus cosas, o se las haya cambiado de ubicación, ellos las ven como la última ves que las vieron.
Lo que me trataba de decir es que eran fantasmas, pero había algo que a mi no me cerraba…yo los veía, los escuchaba, todo con demasiada claridad; ellos me reían, me miraban; la otra persona también los veía. No podía ser de ese modo, me negaba a que estén muertos. Además, si estaban muertos yo me tendría que haber enterado del cómo y el cuando de sus muertes.
Entonces decidí comprobarlo de la misma manera. Le pedí a Lucas que me trajera su bicicleta, y al rato vuelve con la nada en sus brazos de niño. Lo miró con una tristeza infinita y le digo que está muerto, que la bicicleta no estaba más ahí, que debía darse cuenta de todo. A lo que inocentemente me dice: “ya sé que no está la bici, sólo te quería engañar. No estoy muerto”. Pero yo sé que él se mentía a sí mismo, que sabía que estaba muerto, pero que no quería afrontar la realidad. Tenía tantas ganas de llorar-esta fue una de las veces que me desperté para mirar a Nico y cerciorarme de que todo funcionaba-. Pero yo sigo observándolos jugar en la escalera, y a cada rato con el mismo método trataba de convencerlos, pero no había modo.
Seguían en las escaleras, pero lo que hacían era suicida: se subian a una baranda y luego saltaban a la otra baranda que estaba pegada a una pared llena de libros. Se Caín y se levantaban a cada momento, y yo podía ver como sus huesos se rompían bajo sus pieles, podía oirlos. Hacían como si nada, no les dolía. Con eso confirmé que estaba muertos y que ellos lo sabían.
Y seguí tratando de hacerlos entrar en razón, pero no lo lograba. No quería que ellos desaparecieran de mi vida para siempre, pero no soportaba verlos muertos.

Fue muy pero muy triste.

1 comentario:

Gabo dijo...

Realmente es lo peor que hay, digo ver a un familiar morirse, Dios!!, da cosita.
Aparte, es como raro porque entre ellos interactuaban estando muertos, seguro que habran muerto en simultaneo o algo asi.
pero bueno mejor que hay sido solo un sueño.

besos